Perder a un animal es horrible, y lo último que necesitas es pelearte con un formulario. Por eso publicar no pide nada más que una foto y dónde fue: lo demás se añade después, cuando puedas.
Una foto, dónde fue y cómo es. Si el animal ya tiene ficha en la app, todo eso viene rellenado y sólo marcas el sitio.
Al momento, sin que nadie tenga que aprobarlo. Publicar es inmediato a propósito: quien está dando por perdido a su animal no puede esperar a una revisión.
Cruzamos lo perdido con lo encontrado por zona, fechas y rasgos del animal. Tú decides si es el tuyo: nosotros no afirmamos nada, sólo te lo ponemos delante.
Lo primero que se ve no es un formulario: es que respires.
Porque la mayoría de la gente de tu barrio no va a instalarse una app, y son justamente quienes pueden ver al animal.
Cada aviso tiene su propia página, con la foto, la zona y cómo avisarte. Se abre en cualquier navegador sin instalar nada ni crearse una cuenta: la mandas por WhatsApp, la pones en tus redes o la pegas en el grupo del vecindario.
Sin registrarse: escribe dónde y cuándo lo ha visto, y a ti te llega ese texto tal cual — no un «toca para ver» que te obliga a abrir la app para enterarte.
Y son dos permisos distintos: uno para dentro de la app y otro para esa página abierta. Aun diciendo sí, el número no queda escrito en la página: aparece al pulsar un botón, para que no lo recojan los programas que rastrean internet buscando teléfonos.
El punto del aviso se desplaza unos cientos de metros a propósito. Se ve el barrio, que es lo que sirve para buscar, y no tu portal.
La mayoría de las veces esto se resuelve con una foto: el aviso circula por el barrio y alguien lo reconoce. Pero cuando el animal aparece lejos, o meses después, ahí ya no hay parecido que valga.
Si registraste su número de chip, quien lo encuentre sólo tiene que teclearlo: le llega el aviso a su familia y se abre un chat, sin que se revele quién es ninguno de los dos. Un chip que encaja a cuatrocientos kilómetros y ocho meses después sigue siendo el mismo animal.
El número no se publica nunca: ni en el aviso, ni para quien lo escribió. Es lo que demuestra que el animal es tuyo, así que si estuviera a la vista cualquiera podría decir que es suyo.
Es la mitad que casi nadie cuenta, y sin ella la otra no sirve.
La estoy probando con un grupo pequeño antes de publicarla en las tiendas de aplicaciones. Si quieres que te avise cuando esté, o llevas una protectora o una clínica y te interesa, escríbeme y te contesto yo.